Cualquiera que haya visitado la Casa del Oso de Proaza en los últimos treinta años pregunta lo mismo: ¿dónde están Paca y Tola? Las dos osas más famosas de Asturias no eran un número de un censo: eran la prueba viva de que el oso cantábrico podía volver del abismo.
Dos huérfanas en los años más oscuros
A finales de los años 80 y principios de los 90, la población de oso pardo cantábrico había caído a sus mínimos históricos: se contaban menos de un centenar de ejemplares, refugiados en los montes más inaccesibles de Asturias. En ese contexto, la muerte de una osa con crías era una catástrofe para la especie.
Paca fue encontrada de osezna, sola y desnutrida, tras morir su madre. Tola corrió una suerte parecida. Ambas llegaron al recinto que la Fundación Oso de Asturias había habilitado en Proaza, junto al río Trubia, y allí crecieron hasta convertirse en las embajadoras de su especie.
El recinto que cambió la conversación
Antes de Paca y Tola, el oso era en Asturias un rumor y un problema: furtivismo, venenos y cepos eran el día a día de una especie que estorbaba. La posibilidad de ver a dos osos de verdad, a pocos metros, con sus nombres y su historia, transformó la relación del valle con el animal.
Proaza dejó de ser “el pueblo donde hay osos” para ser “el pueblo del oso”. Los niños que visitaban el recinto en los 90 hoy llevan a sus hijos; las cámaras de televisión llegaron primero a por la historia triste y se quedaron a contar la recuperación.
Qué fue de Paca y Tola
Paca y Tola vivieron en Proaza durante décadas, ya ancianas y ciegas en sus últimos años, cuidadas por el equipo de la Fundación Oso de Asturias. Su longevidad —muy por encima de la media de un oso en libertad— fue posible gracias a unos cuidados veterinarios que convirtieron el centro en referencia para el bienestar de la especie.
Hoy el recinto de Proaza sigue cumpliendo la misma función: acoger a osos que, por distintas circunstancias (orfandad, accidentes, conflictos), no pueden vivir en libertad. Cada uno llega con su historia y, como Paca y Tola, se convierte en un profesor silencioso para los miles de visitantes que cada año pasan por la Casa del Oso.
Por qué su historia importa ahora
La historia de Paca y Tola no es un cuento con final feliz: es un argumento. Demuestra que la recuperación del oso cantábrico —hoy más de 370 ejemplares— no fue un accidente, sino el resultado de decisiones sostenidas durante décadas: protección legal, lucha contra el furtivismo, corredores ecológicos y, sí, también un recinto en Proaza que enseñó a millones de personas a querer al animal.
Cuando veas un oso en libertad en Somiedo, en Fuentes del Narcea o en Liébana, recuerda que detrás de cada avistamiento hay décadas de trabajo y dos osas que nunca pudieron ser libres, para que otros sí lo fueran.
La próxima vez que visites Proaza, detente un minuto ante el recinto vacío y piensa en ellas: el oso que hoy ves en el monte también es su herencia.
Si quieres completar la visita, te dejamos la guía de la Casa del Oso de Proaza con horarios y precios y los alojamientos del valle del Trubia para dormir cerca y madrugar hacia los miradores.