“¿Cuántos osos quedan?” es una de esas preguntas que todo el mundo hace y pocos saben responder con matices. La cifra corta: más de 370 ejemplares en la Cordillera Cantábrica según los últimos censos oficiales. La cifra con matices es mucho más interesante.
La fotografía de los años 80
Para entender el presente hay que mirar el punto de partida. A mediados de los años 80, la población de oso pardo cantábrico se estimaba en menos de 100 ejemplares, fragmentados en dos núcleos —occidental (Asturias, León y Lugo) y oriental (Cantabria y Palencia)— que apenas se comunicaban entre sí.
Fue el momento más oscuro de la especie en España: furtivismo, venenos, cepos y la destrucción de los bosques de ribera habían llevado al oso al borde de la desaparición. De hecho, en los 90 se temió que el núcleo oriental —el cántabro— estuviera condenado a extinguirse: llegó a tener menos de 20 ejemplares.
Cómo se cuentan los osos
No, nadie se sube a un monte a contarlos uno a uno. Los censos combinan varias técnicas:
- Detección genética no invasiva: se recogen pelos (de los árboles donde el oso se rasca) y excrementos, y se analiza su ADN. Cada oso tiene un perfil genético único: si el mismo individuo aparece 12 veces, es 1 oso, no 12.
- Seguimiento de osas con crías: las hembras reproductoras son la clave de la población. Cada primavera se contabilizan las osas avistadas con oseznos del año.
- Foto-trampeo y observación directa en los puntos de paso tradicionales.
El resultado no es un número exacto: es una estimación con horquilla. Por eso los medios hablan de “más de 370” o “entre 350 y 400”: la cifra real está en ese rango y crece año a año.
La curva de la recuperación
La evolución oficial cuenta una historia de éxito sin precedentes en la conservación europea:
- Años 80: menos de 100 osos.
- Años 90: estabilización en torno al centenar, con el núcleo oriental al borde del colapso.
- 2005-2015: recuperación lenta pero constante; se superan los 200 ejemplares.
- 2015-2024: aceleración. Los censos superan los 300 y luego los 370 ejemplares, con osos cruzando entre ambos núcleos —el sueño de los conservacionistas: una única población conectada.
- Cantabria, en particular, ha pasado de una población testimonial a superar el centenar de ejemplares, con Liébana como gran valle de expansión.
Qué significan estas cifras para ti
Tres cosas prácticas:
- Ver un oso ya no es imposible: con la densidad actual, las zonas de avistamiento de Somiedo, Fuentes del Narcea o Liébana ofrecen probabilidades reales en las épocas buenas.
- Más osos = más conflictos que gestionar: la recuperación plantea retos nuevos (ataques al ganado, atropellos, basura). La convivencia se construye cada día, y el turismo responsable es parte de la solución: cada salida con guía local es un voto por la conservación.
- Las cifras son frágiles: una sola enfermedad, una oleada de furtivismo o varios atropellos pueden revertir décadas de trabajo. La población sigue siendo pequeña en términos absolutos: 370 osos caben en un estadio de fútbol.
Dónde ver la recuperación con tus ojos
El mejor resumen visual de esta historia está en los centros de interpretación: la Casa del Oso de Proaza, el centro de Somiedo o la Casa de la Naturaleza de Pesaguero cuentan la evolución de la especie con paneles, material audiovisual y, en el caso de Proaza, osos reales que no pudieron ser libres.
Y si quieres ver el capítulo más reciente de la historia, el lugar está claro: Muniellos y la comarca de Fuentes del Narcea, el gran robledal que hoy sirve de santuario a la especie más querida de la Cordillera.